Cuidado: Tu jefe podría estar matando tu carrera

7 septiembre, 2013 | adm | TRABAJO

Cuidado: Tu jefe podría estar matando tu carrera

Tal vez pases años trabajando para un “administrador” solidario, sirviendo a la empresa. De hecho, puede que tu jefe te haya entusiasmado. Tal vez tu jefe te dio las mejores calificaciones en las evaluaciones de desempeño, te dio el espacio para hacer tu trabajo y nunca te había estado controlando. Podría ser exageradamente agradable. Un cuadro del perfecto jefe, ¿No? Errado.

Lo que puede suceder según la experiencia que algunos cuentan es que tu jefe haya estado en la empresa desde hace muchos años y haya aprendido a sobrevivir en la burocracia, sabe cómo no hacer muchas olas, para no tener problemas. Juega políticamente bien, lo suficientemente bien para estar ahí, pero no lo suficiente bien para mejorar. Poco a poco este tipo de personas pierden su influencia política.

Como resultado, su eficiencia disminuye y disminuye la capacidad de hacer negocios y/o su productividad. Su actitud complaciente no solo lo perjudica a él sino también a todo su equipo. No es el buen trato y el que den buenas referencias tuyas sino tu capacidad de producir o resolverle problemas a la empresa. Si tu jefe une junto al buen trato, la guía y dirección que la empresa anda buscando seguramente la promoción podría ser general.

En un estudio que leí que se hizo en doce meses han reunido datos de 1.000 gerentes acerca de sus experiencias en más de 100 empresas como Apple, Cisco, HP, IBM, Intel, Microsoft, novela y Symantec. La intención del estudio era comprender las condiciones bajo las cuales la gente hizo el mejor trabajo de su carrera. Lo se esperaba encontrar eran ejemplos sobre gestión, control, gerentes tiránicos. Aproximadamente la mitad de los participantes confirmaron esta hipótesis. La otra mitad sorprendió: lo que han descrito eran directivos que eran buenos y agradables, pero débiles.

El que hizo este estudio cuenta que una vez trabajó con tan sólo un ejecutivo. Este hablaba con una voz suave y tranquila. Nunca nadie les interrumpía cuando estaban hablando. Cuando entraba a la reunión siempre tenía una «buena» palabra para todos. Cada vez que el equipo estaba listo para los cambios para hacer lo necesario para llegar al siguiente nivel el ejecutivo se presentaba y decía dulcemente, «Oh, sólo quería recordarles todo lo lejos que hemos llegado.»

Y después de un par de frases más la chispa de la aspiración se iba de la sala. Sin querer señalaba que el statu quo era suficiente. No había necesidad de esforzarse más o cambiar cómo iban las cosas. Jim Hacker (el político ficticio en el clásico inglés «Sí, Ministro»), dijo a su colega burócrata, «Eres un aguafiestas, Humphrey, andas agitando apatía».

Existen otro tipos de ejecutivos que tienen una habilidad casi paranormal para neutralizar el deseo de la gente a tomar acción. Con la onda de un monje tibetano, parecen decir, «No te preocupes por las cosas por cambiar». Hay que saber aprovechar y dirigir el deseo de avance y progreso de las personas y no poner siempre paños fríos en actitudes positivas. El “pasar” el momento trae el desgaste de la inercia.

Estos gestores bonitos pero un poco ausentes pueden seguir sobreviviendo, desactivados durante décadas. Notamos a un jefe controlador que grita todo el tiempo y crea un dolor agudo y la gente se queja. En contraste, el dolor que producen estos lindos «neutralizantes» es crónico. El dolor es causado lentamente, goteo por goteo. En un día cualquiera un empleado puede decir, «Bueno, no es tan malo». Después de todo, está bien. Pero el efecto acumulativo en tu carrera puede ser dramático.

Este es un problema que se oculta a la vista. El tema ha sido involuntariamente camuflado por pensadores de liderazgo que pueden haber puesto demasiado énfasis en el agradable manejo de las personas. La mayoría de la literatura de liderazgo en los últimos 25 años ha hecho esto. Hay ocasiones que los negocios son una guerra y se deben tomar con la seriedad y firmeza que estos merezcan.

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