Según algunos estudios, el ‘efecto Mozart’ – escuchar música de Mozart – tiene efectos positivos sobre el desarrollo cerebral. La psicóloga Frances Rauscher en 1993 declaró que escuchar las composiciones del afamado músico ayudaba a mejorar el coeficiente intelectual.

Desde entonces, muchas familias han querido que sus hijos, inclusive antes de nacer, escuchen música de Mozart.


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Otras investigaciones llegaron a la misma conclusión. Escuchar composiciones de Wolfgang Amadus Mozart aceleraría el desarrollo de ciertas cualidades cognitivas.

Hay otros expertos que no están de acuerdo con esta investigación.

Lo que sucede es que es difícil evaluar el crecimiento intelectual de los niños con estas clases de pruebas.

Un estudio realizado por neurólogos de la Universidad de Maryland (EE. UU) ofrece las bases fisiológicas del ‘efecto Mozart'(1). Ellos lograron recopilar datos sobre una clase de célula presente en el área de procesamiento primario del cerebro.

Esto durante el desarrollo temprano. Se pensaba hasta ahora que las llamadas neuronas de la subplaca no tenían una función en la transmisión de información sensorial. Pero el experimento descubrió que sí que podía conducir señales.

Este descubrimiento apoya estudios anteriores.

Estos dan cuenta de la actividad cerebral de los fetos en respuesta al sonido. Estas células nerviosas son las primeras en integrar la corteza cerebral. Esta región controla el razonamiento abstracto, la percepción, el lenguaje y la memoria.

En 1991, el otorrinolaringólogo e investigador francés Alfred A. Tomatis publicó el libro Pourquoi Mozart. Basado en su Método Tomatis. En este libro se encontró las bases para el ‘efecto Mozart’.

Este trata de un procedimiento terapéutico con música durante sesiones de terapia con los pacientes.

En la idea de que la obra de Mozart inclusive puede curar casos de depresión.​ El método de Tomatis dice estimular el sistema nervioso y el oído. De esta manera integran aspectos diversos del desarrollo y el comportamiento humano.

La psicóloga Francesa Rauscher,​ de la Universidad de California, en 1993 lanzó el artículo Music and Spatial Task Performance, publicado en la revista Nature.​ Allí mostró los efectos positivos en pruebas de razonamiento espaciotemporal observados en 36 estudiantes que escucharon la sonata para dos pianos en re mayor KV 448/375ª.

El estudio fue realizado con tres grupos de alumnos del instituto.

Uno de los grupos escuchaba a Mozart, otro grupo escuchaba instrucciones de relajación y el tercero permaneció en silencio. Los investigadores hallaron que los alumnos que escucharon a Mozart tuvieron calificaciones más altas que los demás grupos.​

Sin embargo, Rauscher y otros científicos dicen que todavía no existe evidencia científica que escuchar algún tipo de música incremente la inteligencia.

Recursos externos: (1) www.ncbi.nlm.nih.gov

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