En un experimento muestra como los sentidos pueden ser engañados. Toman a una joven mujer y la sientan en una mesa donde separan una de sus manos donde ella no la podía ver y juntan a la otra mano en paralelo una mano de goma pareciéndose a la suya y correspondiendo al lugar que su otra mano tomaría.
Ella no ve donde está su otra mano. Solo lo que ve es su mano puesta en paralelo con la mano de goma de una forma natural. En un momento empiezan a acariciar con un pincel su mano oculta al unísono con otro pincel en la mano de goma.
El cerebro de la mujer interpreta que recibe la señal del acariciado del pincel en la mano falsa como si fuera real. Cuando de pronto le golpean la mano de goma con un martillo su cerebro siente “Dolor real”.
Luego en un juego de básquet se enfoca en las pelotas y se pierden detalles y luego la mente interpreta un sonido de diferentes maneras.
Cuando miramos ilusiones ópticas, lo que nuestro cerebro «ve» no es lo que realmente hay. Si vemos magos que hacen trucos de «prestidigitación», vemos que aparentemente violan las leyes de la física, pero realmente lo están engañando a usted en pensar que vio una cosa cuando, de hecho, sucedió algo diferente.
Pruebe el viejo experimento, ponga 3 tazas de agua, caliente, fría y media, coloque una mano en el agua caliente, otra en el agua fría, déjelas durante 10 o 20 segundos, luego ponga ambas manos en la tercera copa y «sienta» la temperatura del agua, y dígame lo que siente.
Los sentidos nos dan información sobre lo que vemos, sentimos, olemos, tocamos y degustamos. Sin embargo no se puede cuantificar los sentidos. Es decir, podemos decir si algo es caliente o frío pero no la temperatura específica. Podemos sentir si una superficie es lisa o áspera, pero no el rango exacto de cuanto es liso o áspero.
Se puede saborear la sal en el agua de mar, pero no se puede saber el rango exacto cuánta sal tiene, aunque mi abuela le ponía exacta la sal necesaria al agua para las pastas con solo probar una cucharadita de agua.

¿Qué te parece?