Perjudican al organismo y favorecen el efecto rebote – los extremos siempre son perjudiciales en las dietas.
Las fiestas son sinónimo de excesos y claro, al terminar, a algunos se les ocurre que la mejor cura es hacer lo contrario: ayunar o semi-ayunar. Comer solo fruta, verdura e infusiones – pero son mala idea.
Es bueno disminuir la ingesta calórica, pero se necesita comer de forma equilibrada.
Durante las fiestas solemos engordar entre dos y cuatro kilos y para bajarlos necesitamos mínimo 1 semana por kilo.
«Si el cuerpo pierde más de un kilo a la semana pierde agua y no grasa, y la obesidad es exceso de grasa», explica la doctora Irene Bretón a ABC – Breton es miembro del área de nutrición y obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Seen).
El ayuno, lejos de ser depurativo, nos pone en una situación de estrés metabólico que nos perjudica. «Nuestro organismo está preparado para salvarse del hambre y no de la opulencia. Cuando hacemos ayuno, aunque sea voluntario, entiende que pasamos una época de hambre y como defensa baja nuestro gasto metabólico basal», dice la doctora Pilar García Durruti, jefa del servicio de endocrinología de HM Montepríncipe y HM Torrelodones.
El metabolismo basal es el gasto que tenemos solo por vivir, estando en reposo, a una temperatura normal y sin movernos. Nuestro organismo empieza a rebajarlo porque entiende que, al no haber comida, tiene que gastar poco. Con en este tipo de prácticas tan restrictivas engañosamente se nota una reducción rápida a corto plazo, pero luego se frena y, al final, al volver a su alimentación normal, se produce el efecto rebote y recupera los kilos rápidamente.
Lo ideal es mantener una actividad física diaria y hacer «una dieta con más frutas y verduras (cinco piezas al día), comer alimentos con menos grasas y más proteínas, beber agua y nada de alcohol», dice la doctora Bretón.

¿Qué te parece?