Hace 14 años conservacionistas estaban muy contentos de descubrir tres nidos de las «Tortugas Reales», 3 a 5 hembras y sus compañeros que eran las únicas en Camboya.
En 100 años ese país nunca registró avistamientos de la tortuga acuática del río que eran una vez comunes, pero la población está creciendo nuevamente gracias a funcionarios de vida silvestre, un grupo de monjes budistas y anteriores cazadores de tortugas que ahora son pagados para proteger los nidos que una vez allanaron.
Desde ese día en el año 2001, la Wildlife Conservation Society (WCS) ha estado trabajando con la administración de pesca de Camboya en un programa de cría en cautividad. Los cuidadores han ido aumentando las crías para mantenerlas lejos de los depredadores mientras crecen, tanto en la ciudad de Sre Ambel y fuera del país, en Tailandia y Singapur, para protegerlas de un evento catastrófico o un tifón que podría acabar con todos los animales.
Los monjes budistas también han jugado un papel clave en convencer a los pobladores de dejar las tortugas.
«En la sociedad camboyana, el budismo es una parte muy importante de la cultura, y los monjes son venerados y respetados,» dijo Brian Horne, un representante de la WCS. «Así que cuando los monjes locales participan y dicen, ‘no salgan y dañen a estas tortugas,’ generalmente la gente escucha.»
El lunes, un grupo de monjes condujo una ceremonia tradicional frente a 150 personas para bendecir a 21 tortugas (nombre científico: Batagur affinis) que habían sido criadas en cautiverio antes de liberarlas en su hábitat nativo en el sistema del río de Sre Ambel.
En Galápagos, una vez llamadas «tortugas Reales» y declaradas propiedad del rey, fueron señaladas en el 2005 como el reptil Nacional de Camboya para crear conciencia sobre los esfuerzos de conservación.
Como uno de los más grandes herbívoros en el río, la especie es crucial para la salud de todo el ecosistema. Así, en 2001, cuando fueron descubiertos los nidos, la WCS y los funcionarios de vida silvestre iniciaron un programa de protección basado en la comunidad para asegurar su supervivencia.
Cazadores de tortugas fueron alistados y pagados para proteger los nidos, que crecieron en número hasta 39. Cientos de crías fueron criadas en instalaciones y, finalmente, este grupo de 21 fue elegido como el más genéticamente diverso y el primero para ser lanzado desde el programa.

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